jueves, 24 de octubre de 2013

Somos como un par de calcetines

Un par de calcetines  comparten medidas, diseño, pero además de eso también comparten andadas, experiencias, sentimientos, un largo camino por delante y un desconocido destino para ambos.
Grandes compañeros que llegan a ser inseparables, hasta que un día el destino o la vida deciden separarlos, uno se pierde en la colada y  el otro continúa el camino por separado, lo que antes era uno, se convierte en dos…


Al principio todo se pone cuesta arriba, se hace muy complicado vivir con la ausencia de ese gran compañero, pero el tiempo te hace entender que no era tan necesario como parecía, que en la vida nada es indispensable.

Si una persona puede llegar a vivir con una sola pierna, con un solo ojo, incluso con una sola mano, ¿por qué no va a poder vivir solo, un calcetín?

Su pérdida al principio es dolorosa, tanto que se es incapaz de pensar que alguien pueda ocupar su lugar, pero el tiempo te hace entender porque esos compañeros no se quedaron en tu vida.

De modo que al final acaba sucediendo, quizá no sea igual, pero es que ese lugar nunca podrá ser ocupado por nadie, quizá no sea del mismo color, ni tenga el mismo diseño, quizá haya un gran contraste entre ambos, quizá no tengáis tantas cosas en común, pero seguro que será especial, puede que no sea tu media naranja pero puede llegar a convertirse en tu medio limón.

Aunque el tiempo pase y con este los recuerdos acaben en el olvido, es imposible olvidar esa parte de ti que aunque ahora forme parte del pasado y ya no te acompañe, gracias a ella eres lo que eres en el presente.

Aunque suene triste, nada en esta vida es permanente, ni dos siamesas permanecen toda su vida juntas, ni todas las relaciones permanecen siempre unidas, hasta un par de calcetines al final acaba separándose…



Los calcetines se separan, las personas se distancian, las cosas cambian pero la vida sigue y  tú eres el único necesario en esta.

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